Durante el día no soy capaz de despejar mi mente. Cualquier pensamiento, por muy banal que sea, revolotea sin control por mi mente y no soy capaz de capturarlo y hacerlo invisible.
Ahora, tumbada en la cama, estoy atenta a mi respiración. Los tutoriales de YouTube de yoga me recomiendan la atención a la forma en la que respiro. Hice la sesión esta mañana, pero sus indicaciones cobran verdadera importancia ahora. Quizás sea porque no tengo que estar alerta a que mi mano ceda, mientras mi rodilla derecha permanece flexionada y mi rodilla izquierda esta estirada; y noto como se me tensan los cuádriceps, y siento que mi barbilla va a besar el suelo en "cero coma".
Volviendo al tema de la respiración, estaba pensando: "qué complicado sería si tuviese que controlar conscientemente mi respiración". Seguramente acabaría por dedicarme exclusivamente a respirar. Eso me lleva a concluir que mi vida no sería nada gratificante, que el hecho de sobrevivir no me haría feliz. Sin embargo, eso que para mi no es ni siquiera un problema, para muchos otros, quizás algunos de los que estáis leyendo mis palabras, el mero hecho de sobrevivir se convierte en un reto, por una enfermedad o la situación de vuestro país que os lo impide.
Vivir es un deseo que pedís a Dios, al universo o a la Madre Tierra, cuando os embarcáis en una travesía de tratamientos y personas que se compadecen de vosotros; cuando muchos huyen de un país que les asesina, cruzando un mar o un océano para llegar a las costas de otros países que les rechazan.
Para muchos de nosotros la supervivencia no se materializa como pensamiento, mientras que para otros, se vuelve una forma obligada de existir.
Muy bueno Ana y una manera muy sensible de describir la lucha diaria de tanta gente. Un beso muy grande.
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